sábado, 29 de octubre de 2011

Arte con ojos de niño

El no hacer nada me mata. Las tardes en las que no trabajo y en las que una persona normal estaría en casa tan agusto echado en el sofa, a mi me entra un nervio en el estómago que pa qué. Parece que soy una máquina, si me encuntro improductivo, no me encuentro sentido. El pasado jueves me eché al sofá, y mando para arriba, y mando para abajo, gritos por un lado y programas que te incitan a ver los gritos, me puse las bambas y para la calle. Y por un momento parecía que me encontraba en una ciudad bien moderna. Me fui a la iglesia de Verónicas, y no a rezar, si no a agredecer a Dios que ceda sus espacios a las simpáticas obras que La Conservera instala en este antigua casa del Todopoderoso. De todas las cosas pendientes que tengo en Londres es ir al Museo de Ciencias a ver esos esqueletos enormes de dinosuarios, pues Martin Jacobson ha creado un elefante ya en extinción que me sorprendió como si fuese un niño. El juego de cristales de espectador-actor creo que también hay en la exposición ya está muy visto, pero el elefante me encantó. A cinco minutos andando, en la sala de exposiciones de la CAM (chicos aprovechad la obra social de las cajas de ahorro, que el año que viene, no va a ver nada) está mi gran Dios: Murakami. Hay una serie de litográfias que no es que sean la panacea. Pero son de mi Murakami. Ves su mundo. Te atrapa. Te quieres convertir en flor en sonriente y punto. A todos los que tenéis hijos, sobrinos, primos pequeños o queréis disfrutar del arte con ojos de niños, no os perdáis estás obras. El año que viene, Dios dirá.

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