Tengo un nuevo Dios y se llama: Pierre Dukan. Quiero quitarme los cinco kilos de excesos del verano y por comodidad me he hecho de la secta dukaniana. Los principios han sido difíciles. Pero hablo de los principios de los principios, es decir, con la lectura del libro. Soportar a un tío que no conoces, aunque luego sea tu Dios, que te esté llamando gordo todo el tiempo, te acompleja. Además esta dieta me está expulsando del seno familiar. Mi madre que siempre ha sido muy de cuchara mediterránea con sus lentejas, sus potajes, su arroz y conejo, su gazpacho manchego, su arroz con habichuelas, sus guisos con patata, me coloca al lado de su olla, mi plancha con la insípida pechuga de pollo, y eso es casi insoportable. Me he hecho tan dukaniano que cada vez que cojo un ascensor, prohibido en esta dieta, miro al cielo y rezo: ¡Señor Dukan, perdóname, mi amigo Antonio Bautista vive en el ático, y voy cargado con un cd, como quieres que suba por las escaleras!, o cada vez que me salto el día de proteína pura le digo: ¡Señor Dukan perdóname hoy sólo era proteína pura, pero mira ese tomate que me dice: ven, sube a mi nube, yo te estaré esperando....! Llevo kilo y medio, pero todos los días peco. Jamás me había sentido culpable por comer lechuga, hasta que te conocí Pierre Dukan. Nos vemos en el infierno dukanianos.

1 comentario:
buenísimo!!!!
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